
Aveces cuando nadie me ve, me siento sola.
No, en realidad no.
Sola no, pequeña si.
Hace tiempo que no sentía esa sensación de querer gritar con los ojos cerrados, sin esperar que nadie a mi alrrededor se molestara en reclamar, no es que me sienta sola, pero no me siento, nada más.
Puede que los malos días y los dolores de cabeza, las lágrimas y la necesidad a carne viva de algo o de alguien nos nuble un poco la mente, o el panorama y saque a relucir rencores o angustias no necesarias.
Ni si quiera me importa que se entienda lo que quiero decir en el texto.
Hoy sinceramente me importan un par de cosas y nada más.
No hay excusas, ni argumentos, ni si quiera sé que es lo que si hay -o no-.
Ni si quiera tengo ganas de tener sentido en mis palabras, hoy en verdad no, porque me casé de tener que tenerlo, aún cuando la situación no fuese a mi favor.
Tampoco significa ceder.
No sé.
Hoy en realidad no sé.
Pero a la ves si sé.
Si sé lo que necesito y lo que no.
Discriminar, así se llama eso.
No de hacerle la vida imposible a alguien, si no de diferenciar.
Aunque sea obvio.
Hoy necesito soñar, hoy necesito que me atrapen y que jamás - por muy feo que sea torne el panorama- me suelten.