
El tiempo es algo tan relativo, siempre que pienso en el tema llego a la misma conclusión.Tantas veces con acciones tan cotidianas no nos damos cuenta del mal o del bien que podemos hacer, y si, siempre he pensado que es mejor tropezarse aunque el dolor de la caída sea algo ‘incómodo’ que caerse de a poco y finalmente con el cuerpo entero, cuando la herida y el dolor de la caída pueden volverse algo insoportable.
Un par de años, un par de días, un par de décadas…tiempo, cuantitativamente es distinto, pero es tiempo.
Una carta, un beso, una llamada, una ‘salida’ son acciones súper cotidianas, demasiado simples que te pueden cambiar el día, te pueden cambiar el ánimo, te pueden cambiar la vida. Y es ahí donde el tiempo no importa, donde los límites se dsaparecen y donde los instantes se agotan, donde todo se reduce a un HOY y no importa que pasó antes, sino lo que puede pasar más adelante (lo que pasó después de esperar, de comprender, de tropezarme o de caer, después de entender, después de volver, después de encontrarte, después de reencontrarte, después de tanto tiempo y de tan poco, después de TODO, es donde estoy).
Y no sé, no sé porque hoy se me ocurre pensar tantas cosas, quizás por que mi estado temporal de vulnerabilidad me juega una mala pasada (o buena para el fin práctico), o simplemente porque desde que me enamoré -de ti- me convertí en el ente más sensible sobre la tierra.